Archivo de la categoría: Poesía

Poesía

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Vicente Huidobro (Chile, 1893- 1948) 

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Esta inclusión trasgrede la propuesta de Los Posatigres. Muchos han leído a Huidobro. Ni siquiera estoy posteando poemas desconocidos o difíciles de conseguir: todos los textos de Huidobro que subo se pueden leer en otros sitios de Internet. Entonces, ¿por qué los incluyo en Los Posatigres? Tal vez porque estos poemas son de los mejores y más hermosos que leí en los últimos tiempos. Al fin y el cabo, el blog se subtitula “Cosas fascinantes encontradas por ahí”, y pocas cosas cumplen esos dos requisitos como la poesía de Huidobro. 

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Tam (de Horizon carré, 1917) .

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Cantar
      al atardecer sobre los montes
Mirando pasar los aeroplanos
      Pájaros del horizonte
Que se amamantan en la luna

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Tengo sed
Dadme de beber
Todas las cabelleras rubias

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En el silencio

Se sienten huir algunos

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Piezas de caza desbandadas
Cómo cogerlos

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Nadie ha podido detener mi marcha
Brilla el sol

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La vida vale la pena
Y tu recuerdo canta en mi reloj

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El viejo Tam
En un fuego fatuo

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Enciende su cigarro
Y se aleja cantando por el bosque

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Tú serás
   Toda la luz
      esta noche

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Las marionetas que cuelgan
A los rayos de las estrellas
Son arañas

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DANZA
        VIEJO TAM
                    DANZA

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En medio de los siete hijos de la montaña

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Coge en tu mano
Al que toca la flauta
.TU
     CABEZA
              CUELGA
                       DEL
                             HUMO
                                    DE
                                         TU
                                              CIGARRO 

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 Nubes sobre el surtidor del verano (Conocido también como 1914) – (de Halalí, 1918) 

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Nubes sobre el surtidor del verano
        De noche

                          Todas las torres de Europa se hablan en secreto

De pronto un ojo se abre
El cuerno de la luna grita
Halalí                                                                  HalalíLas torres son clarines colgados AGOSTO DE 1914                                               

                                            Es la vendimia de las fronteras

Tras el horizonte algo ocurre
                               En la horca de la aurora son colgadas todas las ciudades

                               Las ciudades que humean como pipas

Halalí                                                                                                                     

Halalí

Pero ésta no es una canción                      

                Los hombres se alejans hombres se alejan

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Niño (de Poemas árticos, 1918) 

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Aquella casa

Sentada en el tiempo

Sobre las nubes

que alejaba el viento

Iba un pájaro muerto 

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Caen sus plumas sobre el otoño 

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Un niño sin alas

mira en la ventana

Los peces temen trizar el agua

Y bajo la sombra de los mástiles

El balandro resbala 

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Se olvidó el nombre de la madre 

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Tras la puerta que bate

como una bandera

El techo está agujereado de estrellas 

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El abuelo duerme 

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Cae de su barba

Un poco de nieve.

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Expres  (de Poemas árticos, 1918)

Una corona yo me haría

De todas las ciudades recorridas

Londres Madrid París

Roma Nápoles Zurich 

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Silban en los llanos

Locomotoras cubiertas de algas 

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Aquí nadie ha encontrado

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de todos los ríos navegados

Yo me haría un collar 

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El Amazonas El Sena

El Támesis El Rin 

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Cien embarcaciones sabias

Que han plegado las alas 

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Y mi canción de marinero huérfano

Diciendo adiós a las playas 

Aspirar el aroma del Monte Rosa

Trenzar las canas errantes del Monte Blanco

Y sobre el Zenit del Monte Cenis

Encender en el sol muriente

El último cigarro 

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Un silbido horada el aire 

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No es un juego de agua 

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Adelante 

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Apeninos gibosos

Marchan hacia el desierto 

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Las estrellas del oasis

Nos darán miel de sus dátiles 

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En la montaña

El viento hace crujir las jarcias

Y todos los montes dominados

Los volcanes bien cargados

Levarán el ancla.  

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ALLÁ ME ESPERAN

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HASTA MAÑANA 

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Buen viaje 

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Un poco más lejos

Termina la Tierra 

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Pasan los ríos bajo las barcas

La vida ha de pasar. 

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Ella (de Ver y palpar, 1941) 

Ella daba dos pasos hacia delante

Daba dos pasos hacia atrás

El primer paso decía buenos días señor

El segundo paso decía buenos días señora

Y los otros decían cómo está la familia

Hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo

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Ella llevaba una camisa ardiente

Ella tenía ojos de adormecedora de mares

Ella había escondido un sueño en un armario oscuro

Ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza

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Cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos

Cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla

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Sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina

Tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad

Era hermosa como un cielo bajo una paloma

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Tenía una boca de acero

Y una bandera mortal dibujada entre los labios

Reía como el mar que siente carbones en su vientre

Como el mar cuando la luna se mira ahogarse

Como el mar que ha mordido todas las playas

El mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia

Cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas

Antes que el viento norte abra sus ojos

Era hermosa en sus horizontes de huesos

Con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado

Como el cielo a caballo sobre las palomas.

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Monumento al mar (de Últimos poemas, 1948)

Paz sobre la constelación cantante de las aguas

Entrechocadas como los hombros de la multitud

Paz en el mar a las olas de buena voluntad  

sobre la lápida de los naufragios

Paz sobre los tambores del orgullo y las pupilas tenebrosas

Y si yo soy el traductor de las olas

Paz también sobre mí

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He aquí el molde lleno de trizaduras del destino

El molde de la venganza

Con sus frases iracundas despegándose de los labios

He aquí el molde lleno de gracia

Cuando eres dulce y estás allí hipnotizado por las estrellas. He aquí la muerte inagotable desde el principio del mundo Porque un día nadie se paseará por el tiempo

Nadie a lo largo del tiempo empedrado de planetas difuntos

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Este es el mar

El mar con sus olas propias

Con sus propios sentidos

El mar tratando de romper sus cadenas

Queriendo imitar la eternidad

Queriendo ser pulmón o neblina de pájaros en pena

O el jardín de los astros que pesan en el cielo

Sobre las tinieblas que arrastramos

O que acaso nos arrastran

Cuando vuelan de repente todas las palomas de la luna

Y se hace más oscuro que las encrucijadas de la muerte

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El mar entra en la carroza de la noche

Y se aleja hacia el misterio de sus parajes profundos

Se oye apenas el ruido de las ruedas

Y el ala de los astros que penan en el cielo

Este es el mar

Saludando allá lejos la eternidad

Saludando a los astros olvidados

Y a las estrellas conocidas.

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Este es el mar que se despierta como el llanto de un niño

El mar abriendo los ojos y buscando el sol con sus pequeñas manos temblorosas

El mar empujando las olas

Sus olas que barajan los destinos

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Levántate y saluda el amor de los hombres

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Escucha nuestras risas y también nuestro llanto

Escucha los pasos de millones de esclavos

Escucha la protesta interminable

De esa angustia que se llama hombre

Escucha el dolor milenario de los pechos de carne

Y la esperanza que renace de sus propias cenizas cada día.

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También nosotros te escuchamos

Rumiando tantos astros atrapados en tus redes

Rumiando eternamente los siglos naufragados

También nosotros te escuchamos

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Cuando te revuelcas en tu lecho de dolor

Cuando tus gladiadores se baten entre sí

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Cuando tu cólera hace estallar los meridianos

O bien cuando te agitas como un gran mercado en fiesta

O bien cuando maldices a los hombres

O te haces el dormido

Tembloroso en tu gran telaraña esperando la presa.

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Lloras sin saber por qué lloras

Y nosotros lloramos creyendo saber por qué lloramos

Sufres sufres como sufren los hombres

Que oiga rechinar tus dientes en la noche

Y te revuelques en tu lecho

Que el insomnio no te deje calmar tus sufrimientos

Que los niños apedreen tus ventanas

Que te arranquen el pelo

Tose tose revienta en sangre tus pulmones

Que tus resortes enmohezcan

Y te veas pisoteado como césped de tumba

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Pero soy vagabundo y tengo miedo que me oigas

Tengo miedo de tus venganzas

Olvida mis maldiciones y cantemos juntos esta noche

Hazte hombre te digo como yo a veces me hago mar

Olvida los presagios funestos

Olvida la explosión de mis praderas

Yo te tiendo las manos como flores

Hagamos las paces te digo

Tú eres el más poderoso

Que yo estreche tus manos en las mías

Y sea la paz entre nosotros

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Junto a mi corazón te siento

Cuando oigo el gemir de tus violines

Cuando estás ahí tendido como el llanto de un niño

Cuando estás pensativo frente al cielo

Cuando estás dolorido en tus almohadas

Cuando te siento llorar detrás de mi ventana

Cuando lloramos sin razón como tú lloras

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He aquí el mar

El mar donde viene a estrellarse el olor de las ciudades

Con su regazo lleno de barcas y peces y otras cosas alegres

Esas barcas que pescan a la orilla del cielo

Esos peces que escuchan cada rayo de luz

Esas algas con sueños seculares

Y esa ola que canta mejor que las otras

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He aquí el mar

El mar que se estira y se aferra a sus orillas

El mar que envuelve las estrellas en sus olas

El mar con su piel martirizada

Y los sobresaltos de sus venas

Con sus días de paz y sus noches de histeria

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Y al otro lado qué hay al otro lado

Qué escondes mar al otro lado

 El comienzo de la vida largo como una serpiente

O el comienzo de la muerte más honda que tú mismo

Y más alta que todos los montes

Qué hay al otro lado

La milenaria voluntad de hacer una forma y un ritmo

O el torbellino eterno de pétalos tronchados

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He ahí el mar

El mar abierto de par en par

He ahí el mar quebrado de repente

Para que el ojo vea el comienzo del mundo

He ahí el mar

De una ola a la otra hay el tiempo de la vida

De sus olas a mis ojos hay la distancia de la muerte. 

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La poesía es un atentado celeste (De Últimos poemas, 1948) 

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Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia

Hay la espera de mí mismo

Y esta espera es otro modo de presencia

La espera de mi retorno

Yo estoy en otros objetos

Ando en viaje dando un poco de mi vida

A ciertos árboles y a ciertas piedras

Que me han esperado muchos años

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Se cansaron de esperarme y se sentaron

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Yo no estoy y estoy

Estoy ausente y estoy presente en estado de espera

Ellos querrían mi lenguaje para expresarse

Y yo querría el de ellos para expresarlos

He aquí el equívoco el atroz equívoco

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Angustioso lamentable

Me voy adentrando en estas plantas

Voy dejando mis ropas

Se me van cayendo las carnes

Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas

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Me estoy haciendo árbol

Cuántas veces me he ido convirtiendo en otras cosas…

Es doloroso y lleno de ternura

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Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación

Hay que guardar silencio Esperar en silencio.

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Poesías, narrativa, manifiestos, cartas y aforismos de Huidobro en la web de Universidad de Chile

Poemas árticos de Huidobro en Lexia

Poesía

J. A. Rauskin (Paraguay, 1941- ) .

 Conocí la poesía de Rauskin en un viaje a Paraguay. Fui a una librería y pregunté por autores paraguayos contemporáneos. Me recomendaron la Poesía Reunida de J. A. Rauskin publicada por Editorial Arandurâ. Pasé las noches de ese viaje leyéndolo, y cuando volví a Buenos Aires me di cuenta de que mucha gente lo desconocía. Seleccioné algunos poemas tratando de abarcar distintas publicaciones de su vasta producción. 

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La golondrina y el ideograma (de La noche del viaje – 1988)

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Una golondrina no hace verano y, fiel a su costumbre, el atardecer es triste. Hay una nube estancada y cualquiera conoce los efectos de ese calor eminentemente residual: pueblan la acera unos patios desalojados, sillas hay que echan raíces en ella. Enmudecieron los árboles, la gente crepuscular vegeta. Vegeta por fuera y tirita por dentro. El más barato de los restaurantes chinos enciende ahí sus faroles mientras la tarde muere en esa calle oscura en términos de taxi o de opereta, oscura y triste en términos de un peatón. Quizá triste porque el primer amor no es el último, quizá triste porque el último amor jamás podrá ser el penúltimo, quizá triste por pura simpatía porque el atardecer es triste.

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Azul de fábrica rural (de La canción andariega – 1991)

Casi el campo, galpón de estilo establo.

A tiro de guijarro, peluquería

cerrada contigua

a sastrería

cerrada contigua

a la tierna hierba del crepúsculo.

Tan parco cementerio cívico se nutre

de bienestar fabril anexo

a pequeña ciudad dormitorio.

El patio es fábrica,

la esquina es un reducto camionero

y la basura

arde y cruje,

es basura de campo, basura vegetal.

Tras el humo de la limpieza,

tras el humo escobero de las hojas muertas,

el camino de tierra sigue

su rumbo conocido,

muy pocos mudos nuevos intercambian

señas o gestos

o saludos

 y muy pocas, muy pocas nubes para lápidas dirían

que el viento por aquí no es un solitario.

Volvamos a la gente, volvamos

a María de la limpieza,

María limpiadora,

María limpia.

Dulce a ratos no deja de ser

el manso entorno de María,

pero barrer sin duda cansa

y ver barrer aburre sin remedio.

Patio en penumbra

de estibas y tinglados.

La hora en punto menos cuarto.

La sombra de María deja su escoba,

María marca en la pared horaria.

¿Hay prisa?

El sol es su naranja.

Y cae.

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Un pueblo antes de la escarcha (de Alegría de un hombre que vuelve – 1992) 

Entra el campo en las casas,

por los adormecidos patios entra.

Entra con una vaca y una mula,

con un caballo sin arreos entra.

La noche es larga, hueca y larga;

el frío viene de las estrellas. 

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Admirable (de Fogata y dormidero de caminantes – 1994) 

Ciclópea, también enciclopédica, esa roca de caimán, de yacaré, de cocodrilo. Toda una vida en ella, toda una vida sauria. Roca donde hay más arrastre que pata, menos pata que vientre y más glándula que lágrima. Roca donde hay menos agua que cielo, donde hay más Nihilo que Nilo. 

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Elsa (de La calle del violín allá lejos – 1996)  Era una hormiga del contrabando hormiga.Vivía mimetizada, vivía en el puerto que lleva          su nombre.Creía en la Virgen y en las promesas que se

          pagan el 8 de diciembre.

Creía, rezaba.

Envejeció en paz, vivió entonces del trabajo 

         de su descendencia.

Murió de muerte pacífica, quizá natural.

El mundo de aquel joven (de Adiós a la cigarra – 1997) 

Un pájaro, una nube, caballos, la llanura,

el aire de la aurora y un temblor de hojas.

Y una palabra antigua, terrible: rebelión.

Y un amor más que peligroso, el primer amor.

Al otro lado de las vías del tren sin tren,

amanece y comienza de nuevo la aventura.

El sol, ahora solidario, pasa una cuerda

y el joven sube, sale del pozo de su noche,

honda noche vivida con temor y esperanza. 

El cuento de la que perdió la memoria (de Doña Ilusión – 2003) 

Para torcer la mano que gobierna los vientos

la llevaron un día, carne de sacrificio,

a la piedra que espera la sangre del cuchillo.

No fue suya la sangre, mataron una cierva.

Fue así, según la crónica del griego.

Y de otro modo fue, según la policía.

En todo caso, la dejaron huir

pero perdiendo la memoria,

viviendo en el cuento

de la que perdió la memoria, el cuento

que ahora cuenta el viento en una calle desierta.

Las mujeres estables o de repertorio se borran,

cierran las puertas, las ventanas,

las ventanitas y los ventanucos.

Y la mujer de paso se borra.

Y los peatones de sexo masculino se borran,

entran en lo que todavía puede ser un café.

Los árboles se borran, las hojas caen del cielo

y la que perdió la memoria

cae sobre sí misma,

derribada por tantos años en esa calle desierta,

en el viento que la nombra en esa calle desierta.

Después la barren con las hojas.

Parece un montón de hojas caídas.

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